El ultimo jefe de la estación ferroviaria de Velloso

Locales 01 de febrero de 2020
Carlos Guilledo, dueño del viejo almacén de Ramos Generales cuenta su vida como ferroviario y a través de ella la historia del Ferrocarril Provincial y la del propio Velloso. Esta nota fue escrita por Ariel Scolari, un especialista de la historia ferroviaria.
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Carlos Guilledo en su almacén de Ramos Generales - PH: Ivan Engels

Por Aries Scolari - Fanaticos del Ferrocarril 

Una simple foto de Iván en su cálido espacio de Facebook Viajando por los pueblos de Buenos Aires disparó mi motivación para buscarlo.

¿El motivo? Don Carlos Guilledo tiene el almacén de ramos generales en Velloso y como si fuera poco (amo los almacenes) fue Ferroviario y tiene la triste historia de ser "El último jefe en el cierre del ramal"

En los pueblos es algo complejo localizar gente a través de internet, porque no utilizan mucho esta tecnología o simplemente porque no hay casi telefonía fija. Eso sí, se cuenta con la solidaridad de sus habitantes, que en caso de dar con alguien del lugar de forma inmediata se presta a colaborar en localizar a la persona en cuestión.

Velloso es un pequeño paraje del partido de Tapalqué que “se ha quedado en el tiempo”. El levantamiento de su ramal hizo que quedara virtualmente “incomunicado” toda vez que tiene casi 40 kilómetros de caminos “polvorientos o fangosos” (de acuerdo al clima)

Ari Quaino colaboró para contactarme con Verónica que es delegada del pueblo (antes había hablado con Mónica otra señora del lugar) y fue la primera quien localizó a Don Carlos y le contó de mi inquietud de poder llamarlo para entrevistarlo.

Carlos Guilledo es un señor de 82 años, cuando le contaron el motivo de mi intención de llegar a él, se mostró encantado de poder hablar “de Ferrocarril”. El viernes hablamos por espacio de 1 hora y 52 minutos.

La vida de Carlos y el ferrocarril

Ante la advertencia de que Don Carlos Guilledo era un hombre de pocas palabras llamé con la expectativa de lo que podía ser la charla. Don Carlos resultó ser un hombre encantador, con una conversación franca y amena, razón por la cual transcribiré parte de ella.

“-Nací en Mira Pampa el 16 de octubre de 1937 –aunque me anotaron en Quemú Quemú porque en mi pueblo natal no había registro civil.- El pequeño pueblo en el cual yo había nacido era netamente ferroviario. Supo ser punta de riel de El Provincial y quien le daba el nombre a ese ramal que arrancaba en Carlos Beguerie.

De chico iba a la estación y me gustaba mucho todo el manejo de la misma. Al punto que con pocos años ya iba a practicar telégrafo. Ahí había comunicación directa con La Plata que era cabecera y con Roosevelt que era la estación próxima.

En la estación hice de todo. Arranqué como peón por ende, limpiaba baños, barría plataforma y colocaba faroles en las señales y andén. De a poco fui aprendiendo el manejo de la estación y sabiendo telégrafo agarre vacante de auxiliar. En Mira Pampa se nombraba personal toda vez que iniciaban los viajes desde ahí. Se cargaba hacienda así que se hacían cartas de porte y guías -todo fui aprendiendo-.

Al inicio del 60 los rumores del cierre del ramal corrían cada vez con más fuerza, razón por la cual pedí una vacante de guarda y me fui a La Plata, allí viví en las casas del predio ferroviario casi llegando al Paso a Nivel de Calle 23.

Siendo guarda salí a recorrer la línea a Mira Pampa. Poco tiempo depues, en el 61, llegó su clausura (previa huelga de 42 días en la que la pasamos muy mal porque no teníamos ni un peso en el bolsillo). El tren de pasajero que iba por ese ramal lo llamábamos “El Pampero”

"Seguí viajando hacía Azul y Olavarría trabajando mucho en las canteras de Fortabat. Se decía por ese entonces que esa empresa quería comprar el Provincial pero cuestiones políticas lo impidieron (con el tiempo se quedó con la concesión del Roca para transportar su producción)

Don Carlos habla pausado pero firme.

“Desde el 61 en adelante el Provincial anduvo a los tumbos. El boicot se hacía ver toda vez que las estaciones pedían vagones para despachar cereal o hacienda y no les cumplían con la demanda (hay que ser realista también, el personal algunas veces se abusaba y si por ejemplo había un partido de fútbol el fin de semana los trenes salían demorados porque todos buscaban excusas para no sacar ese tren y lo peor es que el gremio dejaba pasar estas cuestiones) Todo esto fue socavando las bases del Ferrocarril y la confianza de los cargadores y puso en peligro la fuente laboral.”

Se queda pensando y sigue

“En Velloso había relevo de personal (conducción y guardas), acá quiso el destino que conociera a mi mujer y con el tiempo pedí vacante de auxiliar para quedarme y no moverme más, no sin antes haber ido de guarda en “El tren de la esperanza” que partió de La Plata con el número 5175 tomando servicio a las 7.30 en la estación -según cuenta mi libreta-. Ese tren se corrió con idea de rehabilitar todo el corredor, impulsado por Fortabat. Tardamos 10 días en recorrer toda la traza hasta Loma Negra y regresamos a La Plata con el número de tren 5176 (Los impares van para afuera y los pares para adentro) En los coches iban políticos de turno y gente de las canteras.

Antiguamente El Provincial tenía trenes de pasajeros, hacienda, carga y mixtos. Además de los de pasajeros que corrían con coche comedor, dormitorio, primera y turista, estaban el coche-motor que hacían trayectos cortos en forma ágil. En Carlos Beguerie estaba el empalme y de ahí se abrían los ramales a Mira Pampa o a Olavarría.

Ya todo se venía abajo a fines del 60 y en el 68 dejaron de correrse trenes. Afortunadamente en Velloso yo trabajaba a contra turno en un almacén de ramos generales y los patrones querían vender por una fuerte deuda contraída con YPF. Quiso el destino que a fines del 60 me acogí al retiro voluntario (que de voluntario no tenía nada) y con este dinero le dije a mi esposa si le parecía bien que pagáramos la deuda con YPF y quedarnos con el boliche.

Así sucedió, en el almacén de Ramos Generales se vendía desde monturas, aperos, estribos y herraduras, hasta comida, camisas para faroles, alpargatas, bombachas de campo, combustible de todo tipo y todo lo que sea a granel.

Gran parte llegaba por tren. Cuando se cerró el Ferrocarril todo fue a menos. Los proveedores ya no venían tan seguido al pueblo y la gente se empezó a ir. De un pueblo de casi 1500 habitantes hoy quedamos apenas 120.

Si por mi fuese y pudiera vender, lo haría para irme a la ciudad porque “No quiero que me sorprenda la vejez en el pueblo”.

Carlos tienes tres hijas en La Plata y una en Mar del Plata, pero este guapo hombre vive solo y atiende el almacén.

“Hoy tengo pocas cosas. No carneó más. Casi no hay repuestos de autos camionetas o máquinas rurales y no vendo más combustible. Poco a poco voy aflojando, son muchos años con el almacén. Me da lástima tener que cerrar porque hay gente que viene de toda la vida. Si llego a vender con lo que me pagarían este cuarto de manzana en otra ciudad no compro ni un terrenito…”

Triste realidad a la que fueron sometidos los pueblos en los cuales el ferrocarril dejo de alimentar estos lugares. Es muy triste ver pueblos casi desiertos con muchas casas tipo taperas cuando en las grandes ciudades la gente se hacina para vivir (encima mal)

“-En la zona los conozco a casi todos, siendo Ferroviario y teniendo al almacén todos de una u otra forma pasan por acá.” 

Estamos atrasando la hora de la cena y en los pueblos estos horarios son rigurosos, le propuse a Carlos seguirla el día siguiente y acepto encantado.

Al día siguiente cuando lo llamé me disparó al teléfono: “Hola Arielito, ayer encontré algunos papeles más que me gustaría mostrarte, Tengo mis libretas de guarda y algo de mi paso siendo Relevante General. Todo esto sería hermoso verlo “con unos amargos de por medio”. Venite para Velloso que no nos va a faltar tema de conversación”

La propuesta está en pie, ojalá se pueda organizar una linda movida y una charla para que el pueblo conozca la vida de este señor que los jóvenes lo conocen por el Almacén pero que en un pasado no muy lejano fue ferroviario.

Seguro algo hermoso saldrá de esto. Por lo pronto ya contacté a Benjamín Harry que con 93 años de edad es vecino de Guilledo y supo ser “nada más” que 42 años “catango”.

Seguramente el destino va a conspirar para que estas cosas sucedan. Por el momento me quedó la voz de Carlos despidiéndose “Hasta mañana Arielito” que era como mi abuelo acostumbraba a llamarme.

Gracias a Mónica y Verónica, delegadas del pueblo por tender un puente de comunicación para llegar a Don Guilledo. Gracias Iván porque una simple foto tuya fue el disparador y gracias Ari Quaino por acercarte a Velloso para hablar con Don Carlos y enviarme hermosas fotos.

Las fotos que ilustran esta nota son de Iván y Ari, mil gracias a ambos

Fanáticos del Ferrocarril me sigue acariciando el alma. Si alguno vive cerca de Velloso y gusta darse una vueltita por el almacén de Don Guilledo, seguramente será bien tratado.

Ojala disfruten de la nota como lo hice yo mientras la escribía.